En tiempos lejanos, los hombres que querían percibir lo espiritual tenían que condenar su cuerpo a limitaciones y sufrimientos para destruir su deseo egoísta y hallar una naturaleza nueva: el otorgamiento. Esto ocurrió en la época de los Patriarcas y los Sabios de la Mishná.
Después, llegó la era del Talmúd y los sabios; los cabalistas de aquellos tiempos, con su trabajo espiritual, cambiaron nuestra naturaleza y la convirtieron en espiritual, es decir, de la recepción al otorgamiento. Cada periodo añadió su parte corregida en el sistema común de las almas. Resultó que este sistema se creó parcialmente corregido, de forma que, otras almas que están en él, aún no corregidas, puedan recibir ayuda de la parte corregida. No debemos torturar y limitar nuestro cuerpo. Debemos asumir que, nuestro enorme egoísmo nos hace incapaces de llevar a cabo este camino con éxito.
Pero los Sabios del Talmúd aligeraron nuestro camino. La parte de nuestro deseo egoísta que solíamos destruir, torturando nuestro cuerpo con una vida dura, ahora podemos corregirla con la Luz que retorna a la fuente.
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NOSOTROS AÚN NO CORREGIDOS
Los Patriarcas y los Sabios de la Mishná se corregían a sí mismos con dos acciones: con los sufrimientos del cuerpo y con la atracción de la Luz de la Torá.
Y los Sabios del Talmúd han corregido el sistema de tal manera que, en lugar de los sufrimientos del cuerpo, podemos corregirnos con la misma Luz de la Torá.
Para nuestro tiempo esto es muy importante, porque quien pueda negar todos los bienes de la civilización…
Los cabalistas del Talmúd se corrigieron a ellos mismos; su incorporación en el sistema global, y su parte corregida se hizo grande.
Aunque yo nazca como un pecador no corregido, estoy en el sistema que incluye en sí muchas partes corregidas, las cuales lo mantienen. ¡Y si quiero corregirme, tengo a quién dirigirme, pedir ayuda y unirme!
¡Ahora, todo depende de mí!
(Extracto de la lección según Introducción al Talmud Eser Sefirot (TES), correspondiente al 26 de mayo 2010).

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