Desde cero hasta el Ein Sof (Infinito)
Publicado en mayo 7, 2012 a las 11:00 pm
Pregunta: En cada trabajo práctico hay ciertas etapas: el comienzo, una etapa intermedia y un final. ¿Cuáles son las etapas del proceso integral? ¿A través de qué tenemos nosotros que llevar a la gente?
Respuesta: La integralidad es ya el Ein Sof (Infinito). Tú sabes cómo calcular una integral: desde cero hasta el infinito. Así que cada vez que tú intentas armar el rompecabezas, hacer preguntas y encontrar soluciones y respuestas a las preguntas, inmediatamente descubres una capa más profunda de lo que está ocurriendo. La naturaleza es infinita en su profundidad, mientras que nosotros solamente quitamos la primera capa y luego la segunda capa, etc. y ellas se revelan como cada vez más profundas.
Vemos que incluso lo que funcionó bien y de manera sistemática en las capas anteriores y lo más importante en forma cíclica (desde un ciclo, la repetición, si es transparente o estático, es un resultado de cada proceso y de cada plan en el que está científicamente basado) entonces en las capas más profundas que descubrimos los atributos, las leyes, las formas anteriores como un todo, ya no funcionan más, pero hay algo más que funciona. Si nosotros volvemos al estado anterior, vemos que allí funciona pero en el nivel más profundo no funciona, porque allí aparecen relaciones totalmente nuevas entre la entrada y la salida. Realmente este es un descubrimiento asombroso de la profundidad de la psicología de la conciencia humana.
(76843 – De la “Charal sobre educación integral” # 17 del 28 de Febrero del 2012)
Creciendo en un círculo de amigos
Publicado en mayo 7, 2012 a las 2:20 pm
Hoy somos similares a un tumor maligno que está destruyendo su entorno. Eventualmente, cuando no tenga nada más que devorar, el cuerpo morirá así como el tumor. Estamos en las mismas relaciones mutuas con la naturaleza, nuestro ego devora a su entorno.
¿Cómo podemos construir un entorno que nos convierta en personas que se complementen mutuamente? Este es el problema de la educación moderna: ¿Cómo cambiar al hombre? Básicamente la crisis global actual es una crisis social, antropológica.
De pronto nos damos cuenta de que tampoco se nos enseñó cómo ser humanos en el verdadero sentido de la palabra. Todos nos graduamos de escuelas que estudiaban diferentes materias. Por años los maestros se pararon frente a nosotros y nos dictaron clase y después esperaron buenas calificaciones en los exámenes. No nos enseñaron a establecer relaciones correctas entre nosotros, y no nos explicaron cómo entender a los que nos rodean o incluso a nosotros mismos.
Yo ni siquiera conozco lo básico de mi sicología ¿Por qué soy como soy? ¿Qué sucede dentro de mí? ¿Qué determina las decisiones que tomo? ¿En qué se basa mi forma de pensar? ¿De dónde vienen todos los nuevos deseos que siento? ¿Cuál es la fuente de mis instintos e impulsos internos? No se nos enseñó nada de esto. Por el contrario, nadie se molestó en enseñarnos cómo conectarnos mutuamente de forma correcta, y hoy vemos los resultados de esta “educación” en nuestra vida diaria.
Esta es la razón del surgimiento de una nueva ciencia, la educación integral.
Estamos viendo un incremento en el crimen, en la violencia doméstica, y otros problemas sociales que nos cuestan dinero, energía, y salud, y convocan miedo e incertidumbre. Si nos liberáramos de ellos, liberaríamos grandes poderes sociales y ahorraríamos billones en mejorar nuestras vidas.
De acuerdo con la educación integral, la persona en sí nunca debe ser el blanco directo real. Sólo debemos darle buenos ejemplos, incluso sin palabras. Así es como un niño observa a los adultos, imita sus acciones, y así crece. Si lo colocamos entre animales será como ellos. Entonces el buen futuro de la sociedad está en establecer el entorno correcto para la persona.
Nosotros desarrollamos activamente este método y lo enseñamos a nuestros hijos después de la escuela, quién es la persona, cuál es su sicología, cómo toma decisiones, por qué piensa en sí misma y en los otros de esa manera, por qué considera a ciertas personas como sus amigos y a otros como sus enemigos, etc.
Le enseñamos a los niños a sentarse en círculo, no detrás de escritorios, y tenemos discusiones. Si alguien comete un error o hace algo equivocado, establecemos una especie de corte en el cual los niños, cada uno en su turno juega el papel de juez, de abogado, de testigo, de espectador, y de jurado.
El intercambio de papeles, le permite a cada uno observarse a sí mismo y a los otros desde un costado, al jugar diferentes papeles y ver quién tiene razón. Gracias a este juego de roles, un joven comienza a entender a otros y se da cuenta de que también hay diferentes perspectivas. Aparte, les enseñamos a los niños que cualquier problema debe resolverse en conjunto.
Eventualmente ellos se desarrollan de forma integral, entendiendo cómo establecer las relaciones adecuadas entre ellos. Entonces es mucho más fácil mantener las buenas relaciones con todos. Al “ponerse en los zapatos del otro”, ve que no puede hacer nada, que no debería hacer nada con esta inclinación malvada y que sólo debe elevarse por encima de esta en sus buenas relaciones con otros.
Por lo tanto los niños están coordinados con la naturaleza; teniendo tanto el lado positivo como el negativo y el equilibrio entre estos crea la vida. De la misma manera que nuestro corazón late constantemente y los pulmones se contraen y expanden: Todo funciona en la armonía de dos opuestos: el menos (-) y el más (+) cambian constantemente. Así que en lugar de destruir nuestro ego, tenemos que usarlo correctamente con la ayuda de la otra fuerza. Cuando los equilibramos, nuestra vida se vuelve armoniosa.
Así nuestros niños reciben un “extra” maravilloso en su desarrollo. Gracias a eso, sus calificaciones en la escuela mejoran y algunos de ellos son aceptados en la universidad a los 13. Esto es así porque la educación integral revela tales habilidades en la persona que ni siquiera las pensó con anterioridad.
Sabemos que el cerebro de la persona usa sólo del 3 al 5% de su potencial, mientras que aquí la capacidad de pronto crece gracias al hecho de que trabaja con dos fuerzas, equilibrándolas.
Al mismo tiempo, existe menos violencia en el salón de clase, las discusiones violentas se terminan y los arranques individuales terminan rápidamente, permitiendo que la persona aprenda de ellos, dado que los niños inmediatamente lo discuten en un círculo.
Con respecto al maestro, él no está por encima de sus estudiantes, sino que se sienta junto con ellos al mismo nivel. Su papel es comenzar la discusión y guiarla en la dirección correcta. En el mundo antiguo, las personas solían estudiar de esta manera, mediante pláticas y discusiones. Gracias a esto la persona adquiere un poder creativo positivo.
(76766 – De la Conferencia en Chile 01 de Mayo del 2012, “Alcanzando la conexión interna”)
El mundo está cansado de trabajar para el codicioso Faraón
Publicado en mayo 7, 2012 a las 1:40 pm
Antes de que muera el gobernante de Egipto, el trabajo de todos es de naturaleza egoísta. Cuando el soberano muere, pierde su importancia; en otras palabras, llegamos a un estado en el cual dejamos de celebrar nuestro ego y ya no queremos dedicarle a este nuestras vidas.
Comenzamos a darnos cuenta que no vale la pena trabajar para nuestro ego. Aún continuamos apegados a nuestro egoísmo e incluso obtenemos cierto placer de este. Al mismo tiempo, nuestra consciencia se expande y llegamos a entender que nuestro ego no tiene ningún valor. Incluso si continuamos haciendo lo mismo por 10 o 20 años, nunca nos liberamos de esta esclavitud.
Cuando la persona se encuentra en una situación insoportable, pregunta: “¿Qué sigue?” Sin embargo, siempre tenemos una oportunidad de llegar a tal interrogante antes de que las circunstancias en las que estamos se vuelvan absolutamente intolerables. Todo lo que necesitamos es elevar el nivel de nuestra conciencia, para llegar a ser “sabios” que ven los estados futuros en su infancia.
Un infante o un niño pequeño no ve el futuro; él exige todo de inmediato. Tras crecer un poco, comienza a darse cuenta de que tiene que esperar para obtener algo que quiere. Cuando la persona crece es más inteligente, ya realiza cálculos complicados.
Nuestras vidas están limitadas a 70 u 80 años aproximadamente, lo cual nos hace sentir que tenemos mucho tiempo por delante. Sin embargo, al envejecer comenzamos a darnos cuenta claramente de que el tiempo tiende a comprimirse. Dejamos de ser animales y nos convertimos en humanos. Los animales nunca consideran el futuro; no piensan en mañana, ni ven el momento que sigue.
Los animales viven en el momento. Aún cuando éstos sienten ciertas cosas que los humanos somos incapaces de comprender (por ejemplo, un inminente temblor o un tsunami), aun así lo perciben solamente a través de sensaciones del momento presente.
Las personas, por el contrario, ven el futuro y son capaces de detectar señales de sus próximos pasos. Cuando la persona está convencida de que no hay necesidad de trabajar por el bien del ego, se hunde en la desesperación. Vemos que hoy la mitad del mundo está deprimida y el número de suicidios crece constantemente. Esto significa que las personas ya no quieren trabajar para el Faraón; no le ven ningún sentido a este tipo de vida.
Esto sucede en los países más opulentos de la civilizada Europa (principalmente en los países escandinavos), donde las personas tienen aseguradas todo tipo de cosas materiales, pero no les queda claro para qué vivir.
Las personas no se harían preguntas si no sintieran que el resultado final es bastante diferente de la actual existencia holgada. Esas preguntas surgen sólo con la insatisfacción: Ya sea la falta de felicidad o prevén que su estado de holgura actual terminará pronto.
Entonces cuando el “amable” Faraón muere, surgen nuevas preguntas: ¿Por qué tenemos que trabajar tan duro para nuestro ego? Esto es lo que siguen preguntando la humanidad como un todo, y cada individuo. Es el punto en el que tiene lugar la clarificación: ¿Cuál es el propósito de nuestro trabajo, es recibir o dar?
(74878 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 9 de Abril del 2012, Escritos de Rabash)
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